Antes de que existiera la palabra, existía la prueba.
Una piedra oscura contra la que se frotaba el oro para saber si era puro. Los italianos la llaman paragone. De ella nace Paragon.
Esa piedra no cambiaba el metal. Lo revelaba. Eso es exactamente lo que hacemos.
La perfección no se declara. Se prueba contra algo. Nosotros somos ese algo.
